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Instrumentos psicológicos: cuáles puedes usar y bajo qué licencia

Equipo Gesell10 min de lectura

Detrás de «gratis» conviven tres cosas distintas: que un instrumento se descargue sin pagar, que su uso no requiera permiso, y que sea de dominio público. El PHQ-9 es las tres. El AUDIT es libre de reproducir, pero no con fines comerciales. El WHO-5 se descarga gratis y su licencia igual te prohíbe cosas concretas. El BDI-2 no es ninguna. Esta guía ordena los instrumentos más usados en tres niveles, con las palabras textuales de cada titular y la realidad mexicana de compra.

Cómo verificar cualquier instrumento en un minuto

Ve a la página del titular de los derechos —no a la de un revendedor— y busca «permiso», «copyright» o «licencia»; la cláusula suele estar al pie del PDF. Revisa después las dos fronteras donde los términos cambian de golpe, edición e idioma, y si la calificación también es gratuita. Guarda el PDF con su fecha: lo defendible es lo que decía el sitio ese día.

Instrumento Titular Términos Español oficial
PHQ-9 y GAD-7 Pfizer (PHQ Screeners) Dominio público Sí, versión para México
PCL-5 National Center for PTSD Dominio público, sin copyright Por correo, sin validar
DASS UNSW (Lovibond) Dominio público; no vender la escala Cuatro, ninguna mexicana
GDS (escala original) Stanford / Yesavage Dominio público Seis, sin aval del autor
AUDIT OMS Libre, no comercial Sí, hecha en España
Vanderbilt 1.ª ed. AAP y NICHQ Con derechos, descarga gratuita Sin dato verificado
C-SSRS Universidad de Columbia Gratis en entornos de salud Sí, México/Español
WHO-5 OMS (desde 2024) CC BY-NC-SA 3.0 IGO No existe

Nivel 1: dominio público

PHQ-9, GAD-7 y la familia PHQ. El sitio oficial no pone condiciones: «no permission is required to reproduce, translate, display or distribute them», y el manual usa el término técnico para toda la familia: «all of the measures included in Table 1 are in the public domain». Corrige el rumor de foro: la exención de copyright de Pfizer no es exclusiva del PHQ-15; los términos de uso cubren todo el sitio. Las versiones oficiales en español para México del PHQ-9 y del GAD-7 traen la autorización al pie, en nuestro idioma: «No se requiere permiso para reproducir, traducir, mostrar o distribuir».

PCL-5. El National Center for PTSD dice dos cosas a la vez: «is in the public domain and not copyrighted» y, aun así, «is intended for use by qualified health professionals and researchers». Esa restricción no nace del copyright: el dominio público resuelve la pregunta de derechos, no la de competencia.

DASS y GDS. Lovibond, en la Universidad de Nueva Gales del Sur, contesta de frente: «the DASS questionnaire is public domain, and so permission is not needed to use it». Puedes cobrar por el servicio sin vender la escala, pero administrarla en un sitio abierto al público queda descartado, y las bandas de severidad se retiran de la descarga gratuita: viven en el manual, que cuesta 55.00 dólares australianos, envío incluido. Stanford, sobre el GDS, publica el motivo del estatus y con él su alcance: «the original scale is in the public domain due to it being partly the result of Federal support» — the original scale, no cualquier derivado.

Nivel 2: gratis, con letra chica

Vanderbilt: la edición manda. NICHQ ofrece gratis la primera edición de sus escalas de TDAH, y solo esa; le siguieron dos, y la 3.ª (2019) se compra a la Academia Americana de Pediatría. Y el PDF gratuito no es de dominio público: su pie dice «Copyright ©2002 American Academy of Pediatrics and National Initiative for Children’s Healthcare Quality».

AUDIT: libre, pero no comercial. La OMS permite reproducirlo y traducirlo «in part or in whole but not for sale or for use in conjunction with commercial purposes». Qué cuenta como «fines comerciales» cuando lo aplicas dentro de una consulta de paga es algo que la OMS no glosa, y no vamos a resolverlo nosotros.

C-SSRS: gratis con alcance definido. La Universidad de Columbia acota la gratuidad en la misma frase en que la anuncia: escala y capacitación son gratuitas «for use in community and healthcare settings, as well as in federally funded or nonprofit research». Y por encima de la licencia: cualquier revelación de riesgo exige una evaluación clínica inmediata conforme a tu protocolo y tu formación. Este artículo no te dará ese protocolo; desconfía de quien lo dé en un blog: eso viene de guías profesionales y formación supervisada. En México, la Línea de la Vida atiende al 800 911 2000, gratuita, 24 horas, los 365 días del año, operada por la CONASAMA.

WHO-5: NonCommercial y ShareAlike. Desde 2024 el titular es la OMS: el Centro Psiquiátrico del Norte de Selandia, en Copenhague, le cedió el copyright ese año, así que las páginas que aún se lo atribuyen a ese centro están desactualizadas. Su licencia es Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 IGO. De ahí dos consecuencias. No reproducimos aquí los cinco reactivos del WHO-5, porque el blog de una empresa es contexto comercial y porque CompartirIgual arrastraría la página entera bajo esa licencia. Y una pregunta abierta que no cerraremos: si administrarlo en una consulta de paga cuenta como uso comercial. La OMS no lo aclara y canaliza las dudas por su página de derechos. No existe versión oficial en español: tenlo presente si lo usas como medida de resultado, como plantea la guía sobre cómo medir el progreso en terapia.

Nivel 3: licencia comercial

Aquí se describe y nunca se reproduce; comprarlo exige acreditar un nivel de calificación. Pearson publica tres. El nivel A no tiene requisitos: «there are no special qualifications to purchase these products». El nivel B admite cinco vías alternativas: maestría en psicología, educación o un campo afín al uso previsto, más formación formal en administración, calificación e interpretación ética; certificación o membresía plena en una organización profesional; título o licencia en salud o áreas afines; formación supervisada en evaluación de niños o desarrollo infantil; o trabajar en una institución acreditada. El nivel C sube el listón a doctorado, licencia, o membresía plena en organizaciones como la APA. El «Qualified User» asume la responsabilidad de todo el uso del instrumento; otras personas pueden aplicarlo o calificarlo solo bajo su supervisión. A agosto de 2026 el kit impreso del BDI-2 y el del BAI cuestan 195.70 dólares cada uno. Multi-Health Systems marca el Conners 4 como nivel B, pero no publica su definición: no asumas que coincide con la de Pearson.

La parte mexicana que nadie escribe

Desde México, Pearson no te surte sus instrumentos en español. Su tienda estadounidense sí lista material en español —hojas de respuesta del BDI-2—, pero su página de contactos internacionales enruta México en dos canales: las evaluaciones en inglés, por Pearson; las de español, por Giunti Psychometrics, junto con otros diecinueve países de América Latina y el Caribe. Si buscaste el BDI-2 en pesos y no lo encontraste, es el canal, no tu conexión.

Manual Moderno es hoy Hogrefe México. El dominio histórico redirige a hogrefe.mx; su nota de historia describe la integración con TEA Hogrefe y Vesalius. Lo relevante es la compra: cada ficha muestra una Clasificación propia de la casa, el precio en pesos y una puerta — «Para adquirir este Instrumento de evaluación, inicia sesión con una cuenta profesional verificada». A agosto de 2026 el IDARE aparece con Clasificación B en 1,490.00 pesos sin IVA (1,728.40 con IVA). No localizamos página alguna donde Hogrefe defina sus niveles —no supongas que su B es la B de Pearson— ni qué documentos exige para verificar la cuenta. Su cláusula de derechos de autor es explícita: prohíbe reproducir su material sin consentimiento escrito.

La versión en español no es la versión mexicana

El código ético mexicano nombra esta trampa antes que ninguna licencia. El Código Ético del Psicólogo de la Sociedad Mexicana de Psicología obliga a no emplear «técnicas o instrumentos solamente traducidos de otro idioma» cuando sus datos de construcción, validez y estandarización vienen de otras poblaciones (artículo 18 en la 4.ª edición, Trillas; la SMP no publica el texto ni la edición vigente, así que verifica ambos en tu ejemplar). El estándar 9.02 de la APA añade el deber de describir las limitaciones cuando esa validez no está establecida.

Mira la última columna. El PCL-5 en español solo se obtiene escribiendo al National Center for PTSD, que advierte que «has not been validated in published research». El AUDIT en español que circula como oficial es el de la OMS: su portada acredita a la «Conselleria de Benestar Social», en España. El DASS y el GDS avisan que no responden por la calidad de las traducciones que alojan. Y el manual del PHQ precisa que pocas traducciones se han validado frente a una entrevista psiquiátrica estructurada independiente. El PHQ-9 y el GAD-7 sí traen forma oficial para México —desarrollada en las guías del PHQ-9 y del GAD-7—, y Columbia lista el C-SSRS en México/Español.

Lo que dice la ley mexicana, y lo que no dice

Quién puede ejercer. El artículo 79 de la Ley General de Salud nombra a la psicología entre las profesiones que requieren títulos «legalmente expedidos y registrados». Regula quién ejerce, no qué instrumento aplica cada quien.

Quién puede reproducir. La Ley Federal del Derecho de Autor reserva al titular el derecho exclusivo de explotar la obra y de prohibir su reproducción por cualquier medio (artículos 24 y 27, fracción I). Su análogo del uso justo es estrecho: el artículo 148 admite citar textos «siempre que la cantidad tomada no pueda considerarse como una reproducción simulada y sustancial del contenido de la obra», y copiar los 21 reactivos de un inventario en tu software es justo lo que eso excluye. Anotar el puntaje en tu nota, en cambio, es documentación normal: lo que tiene licencia es el instrumento, no el número que registras — un matiz que también aparece al comparar notas DAP y SOAP.

Y la ausencia. No encontramos disposición mexicana alguna que asigne instrumentos a credenciales específicas. La cédula profesional te habilita para ejercer; no es lo que el editor revisa cuando te vende una prueba. La puerta real es contractual y ética.

Por qué no reproducimos los ítems aquí

Ni los del WHO-5, ni los del AUDIT, ni los de Vanderbilt, ni ninguno de Pearson. Tampoco los del PHQ-9 o el DASS, que sí podríamos: preferimos enlazar la fuente oficial. La razón de fondo no es el copyright: es el estándar 9.11 del Código de Ética de la APA, que pide mantener la integridad y seguridad de los materiales de prueba, y el código mexicano, que añade no dar a conocer contenidos ni respuestas posibles a no psicólogos. El 9.07 cierra el otro flanco: no promover el uso de técnicas de valoración por personas no calificadas, salvo en formación supervisada. Y hay un argumento clínico por encima de ambos: un reactivo que circula libremente deja de medir lo que medía.

En la práctica: no pegues reactivos licenciados en tus plantillas de nota, un descuido más en la lista de errores de documentación clínica; deja la evaluación cubierta por el consentimiento informado; y antes de cargar un instrumento a una herramienta digital, revisa sus términos y hazle a tu proveedor las preguntas de la guía sobre usar IA con datos de pacientes.

Si el kit defendible de un consultorio mexicano se arma con instrumentos de dominio público y versión mexicana verificada, lo que sigue es aplicarlos con orden. gesell.ai trae escalas validadas con calificación automática —el PHQ-9 y el GAD-7 entre ellas— y registra los puntajes sesión a sesión para que veas la trayectoria y no solo el dato de hoy. El puntaje apoya tu decisión, nunca la sustituye: la lectura clínica sigue siendo tuya.

Referencias

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Sobre el autor

Equipo Gesell

Contenido clínico y de producto escrito por el equipo de gesell.ai junto a psicólogos clínicos certificados.

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